La reivindicación de soberanía sobre las ciudades autónomas se diluye en una campaña electoral marroquí en la que se ha silenciado el conflicto migratorio
El fervor nacionalista enarbolado por la cuestión de Ceuta y Melilla en plena campaña electoral se entremezcla en Marruecos con la preocupación de la sociedad civil por el trato dado a los miles de migrantes irregulares que permanecen en Ceuta sin salida desde hace más de un mes. Mientras la reivindicación de soberanía sobre las ciudades autónomas se ha ido diluyendo conforme se acercan las legislativas del día 23, las consecuencias humanitarias del conflicto migratorio han quedado silenciadas en el debate político.
Incluso el fútbol se ha contagiado de la reivindicación del llamado “derecho histórico” de Marruecos sobre las ciudades autónomas españolas. Seguidores del club Magreb Asociación Deportiva, de Fez, vigente campeón de la liga de fútbol marroquí, exhibieron hace una semana durante un partido internacional una gran pancarta para reclamar la soberanía. “Ceuta y Melilla, dos ciudades, una sola patria: Marruecos”, rezaba el mensaje escrito en castellano.
Además de los gubernamentales Partido Autenticidad y Modernidad, del ministro de Justicia, Abdelatif Uahbi, y Partido Istiqlal, del titular de Equipamiento Público y Agua, Nizar Baraka, otras fuerzas de la oposición parlamentaria han reivindicado explícitamente en la fase previa de la campaña la soberanía de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.
El secretario general del Partido del Progreso y del Socialismo (PPS, excomunista), Nabil Benabdelá, definió ambas plazas norteafricanas españolas como “ciudades marroquíes ocupadas”, según informa la agencia Efe. Benabdelá condenó además la destrucción de una bandera marroquí en una protesta organizada por el grupo de extrema derecha Democracia Nacional ante la sede del Congreso de los Diputados en Madrid.
Poco después del inicio oficial de la campaña, el comunicado emitido el jueves por el Ministerio de Asuntos Exteriores, que depende directamente del Palacio Real, para rechazar las acusaciones que señalan a Marruecos como responsable de la crisis, no incluía ninguna mención expresa a los llamados en el país magrebí “presidios ocupados” de Ceuta y Melilla. La cuestión soberanista parece haber quedado relegada del debate político electoral.
“Hostilidad hacia los migrantes”
Organizaciones como la Liga Marroquí para la Defensa de los Derechos Humanos —vinculada al Partido Istiqlal, conservador y nacionalista—, han alertado entretanto de lo que califican como creciente discurso de odio, xenofobia y hostilidad hacia los migrantes marroquíes en la sociedad española, donde se acoge a un millón de personas originarias del país magrebí.
Una concentración de protesta ante la Embajada de España en Rabat simbolizó el pasado día 2 la primera manifestación en suelo marroquí desde el inicio de la crisis. Apenas una decena de personas secundaron la marcha, convocada por la Liga Marroquí para la Defensa de los Derechos Humanos, que había presentado pocas horas antes un informe sobre la crisis migratoria. En sus páginas se acusaba a las autoridades españolas de haber ignorado los ataques a los migrantes marroquíes en Ceuta y dado amparo a grupos extremistas que los perpetraron y a políticos radicales que los incitaron.
El Consejo Nacional de Derechos Humanos, un organismo oficial marroquí, ha acusado también a las fuerzas de seguridad españolas de haber infligido malos tratos a los migrantes llegados en masa a Ceuta los pasados 30 y 31 de julio, así como de haberles dispensado una atención insuficiente.
El CNDH depende de la Administración de Marruecos y fue autor del informe que atribuyó a la policía española la responsabilidad sobre los al menos 23 muertos registrados en el salto masivo de subsaharianos a la valla de Melilla en 2022.
En medio de la tensión política nacionalista en campaña marroquí, cientos de familias buscan todavía a sus hijos desaparecidos cuando intentaban llegar a nado desde Marruecos a Ceuta, donde se han presentado al menos 200 denuncias ante la Guardia Civil para averiguar el paradero de jóvenes marroquíes con los que se ha perdido el contacto.
La desesperación golpea también a los familiares de víctimas mortales ya identificadas que han sido inhumadas en la ciudad autónoma española (en numerosos casos sin identificación) después de que las autoridades de Rabat se negaran a aceptar la entrega de los cuerpos en la frontera.
Exigen que antes sean devueltos a su país los más de 2.000 menores marroquíes que ya han sido filiados en Ceuta, una petición que choca frontalmente con las leyes de protección de los niños y adolescentes españolas y europeas.
“Sin un lugar para cobijarse”
Para Jadiya Inani, responsable del área de migraciones de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), las violaciones de los derechos de los migrantes están ausentes de la campaña electoral, mientras se ignora la angustia de las familias de muertos y desaparecidos en la crisis de Ceuta. “La situación de la mayoría de los migrantes que llegaron a la ciudad hace más de un mes sigue siendo deplorable, sin un lugar estable para cobijarse”, advierte.
Casi ninguno quiere regresar a Marruecos, según Inani, donde les esperan interrogatorios policiales y procesos judiciales. Recalca que la situación socioeconómica que les ha empujado a emigrar irregularmente no ha cambiado. “Muchos están siendo juzgados a la vuelta por haber aireado en las redes sociales testimonios sobre la violencia que han sufrido”, asegura la activista humanitaria.
La visión que llega a los marroquíes sobre sus compatriotas en Ceuta se condensa en un amplio reportaje publicado el viernes por el semanario Tel Quel. Describe campamentos improvisados en los que se hacinan los migrantes entre basura en descomposición. Jóvenes que muestran heridas abiertas, granos en mal estado y picaduras de insectos sobre sus torsos desnudos ofrecen testimonios sobre la ciudad autónoma como “una prisión gigante” o “una sala de espera a cielo abierto” para poder acceder a Europa.
Un migrante de 36 años llegado desde Fez hasta la playa ceutí del Trampolín aconseja a quienes pretendan entrar en Ceuta sin papeles: “Mejor que no vengan. Aquí la situación es terrible: hay hambre, violencia, malos tratos...”. Mientras los políticos marroquíes ofrecen en campaña “cifras improbables”, como la promesa de elevar el salario mínimo hasta los 5.000 dirhams (460 euros) mensuales, un tercio más que en la actualidad, el editorial de la citada revista concluye que “quienes abandonan el país a nado lo hacen porque han dejado de esperar nada de él”.
