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Durante más de medio siglo, la Luna quedó ahí, suspendida en el cielo y en la memoria. Un territorio al que los humanos llegaron en plena Guerra Fría, cuando Neil Armstrong dio su primer paso en 1969, y al que dejaron de viajar en 1972, tras la misión Apolo 17. Ahora, ese viaje está a punto de retomarse.
Si todo sale según el cronograma de la NASA, el 1 de abril de 2026 cuatro astronautas volverán a despegar rumbo a la Luna desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, en un vuelo que los llevará alrededor del satélite y marcará el primer intento de retomar ese camino desde el final del programa Apolo. No será para pisarla, al menos no todavía, sino para algo igual de importante: comprobar si es posible regresar.
La misión se llama Artemis II y será el primer vuelo tripulado hacia la Luna desde 1972. Durante unos diez días, la tripulación viajará a bordo de la cápsula Orion, impulsada por el cohete SLS, en un recorrido que los llevará alrededor de la Luna y de vuelta a la Tierra.
El vuelo no incluirá un alunizaje, porque su objetivo será otro: poner a prueba, con tripulación a bordo, si el sistema está listo para futuras misiones y para un eventual regreso a la superficie lunar.
“Artemis II actúa como una misión de transición crítica que allana el camino para las futuras misiones que incluirán el alunizaje”, explicó Araceli Barrera, integrante del equipo mecánico térmico de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).
La misión
Después del despegue, la nave realizará una serie de maniobras en órbita terrestre antes de iniciar el viaje hacia la Luna. No será un trayecto directo ni improvisado: la misión está diseñada para poner a prueba cada etapa del sistema en condiciones reales.
El recorrido incluirá un sobrevuelo del satélite y un regreso a la Tierra mediante una trayectoria conocida como “retorno libre”, que utiliza la gravedad de la Luna para volver sin necesidad de grandes correcciones. Es un tipo de maniobra que, en caso de fallas, permite asegurar el regreso de la tripulación.
Los astronautas recorrerán más de un millón de kilómetros en un viaje que los llevará más allá de la órbita terrestre, donde hoy se concentra la mayor parte de la actividad espacial.
Quiénes son los astronautas
A bordo viajarán cuatro astronautas: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen.
No es una tripulación cualquiera. Marca un hecho inédito en este tipo de misiones: por primera vez, una mujer, una persona afrodescendiente y un astronauta no estadounidense formarán parte de un vuelo tripulado hacia la Luna. Koch, Glover y el canadiense Hansen forman parte de ese cambio en una misión que, además de poner a prueba la nave, introduce una diferencia respecto de las misiones lunares del pasado.
Todos tienen experiencia en vuelos espaciales, salvo Hansen, que realizará su primer viaje. Durante la misión compartirán el interior de la cápsula Orion, donde deberán trabajar, descansar y adaptarse a un entorno que los llevará más allá de la órbita terrestre.
La nave en la que viajarán tampoco es la misma de otras épocas. Orion fue diseñada para misiones de espacio profundo y será la primera vez que este sistema se pruebe con tripulación en un viaje de estas características.
A diferencia de las cápsulas del programa Apolo, ofrece mayor espacio y está preparada para sostener a cuatro astronautas durante varios días, con sistemas de soporte vital, protección frente a la radiación y capacidad de reingreso a alta velocidad.
Durante el vuelo, los cuatro deberán adaptarse a un entorno reducido, donde cada movimiento está planificado. Allí comerán, dormirán y trabajarán mientras se alejan progresivamente de la Tierra, en un recorrido que los llevará a una distancia que hoy no alcanza ninguna misión tripulada.
La participación argentina
En esa misión también habrá presencia argentina. A bordo del cohete que impulsará la nave Orion viajará el microsatélite ATENEA, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a universidades y organismos científico-tecnológicos del país.
Se trata de un CubeSat de unos 20 centímetros, diseñado para operar a una distancia de hasta 70.000 kilómetros de la Tierra y comunicarse con estaciones ubicadas en Córdoba y Tierra del Fuego. Será el microsatélite argentino que llegue más lejos hasta ahora y el primero del país en integrarse a una misión tripulada hacia la Luna.
ATENEA fue seleccionado por la NASA como parte de la carga secundaria del vuelo, junto a otros desarrollos internacionales, y es el único proyecto latinoamericano dentro de ese conjunto.
Una vez en el espacio, será liberado para medir radiación, validar sistemas de comunicación de largo alcance y analizar el comportamiento de distintos componentes en condiciones de espacio profundo. Para poder formar parte de la misión, el satélite atravesó ensayos técnicos exigentes y procesos de validación bajo estándares de la NASA.
“La selección de ATENEA para esta misión demuestra el alto nivel de las capacidades técnicas y operativas de la Argentina en el ámbito espacial”, señaló Barrera.
Volver pero en un escenario distinto
El regreso a la Luna no ocurre en el mismo escenario que hace más de 50 años. Durante el programa Apolo, la carrera espacial estaba concentrada en dos potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, y tenía un fuerte componente político en el contexto de la Guerra Fría.
Hoy, el mapa es más amplio. Además de la NASA, distintas agencias espaciales avanzan con proyectos propios vinculados a la exploración lunar. India logró en 2023 un alunizaje con la misión Chandrayaan-3 en una zona cercana al polo sur del satélite. China desarrolla su propio programa lunar y proyecta misiones tripuladas en los próximos años. Japón también avanza con exploraciones robóticas, mientras que la Agencia Espacial Europea participa en el desarrollo de componentes del programa Artemis.
En este contexto, la Luna volvió a ocupar un lugar central en la agenda espacial. “Con las misiones Artemis se busca tener permanencia y generar una economía lunar”, explicó Barrera. La misión retomará un viaje conocido, pero en un escenario muy distinto al de hace medio siglo.
Más de 50 años después del último viaje tripulado, Artemis II marcará el regreso de los astronautas a la luna. No será todavía el momento de volver a pisarla, pero sí el paso previo necesario para intentarlo otra vez.
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Facts Only

The Artemis II mission is scheduled to launch on April 1, 2026, from the Kennedy Space Center in Florida.
Four astronauts—Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch, and Jeremy Hansen—will crew the mission.
The mission will last approximately 10 days and orbit the Moon without landing.
The Orion spacecraft, powered by the SLS rocket, will carry the crew.
The mission includes a "free return" trajectory using lunar gravity for a safe Earth reentry.
Christina Koch is the first woman, Victor Glover the first person of color, and Jeremy Hansen the first non-American on a lunar mission.
Argentina’s CONAE developed the ATENEA microsatellite, which will measure radiation and test communication systems.
ATENEA is the first Latin American project integrated into a crewed lunar mission.
The mission follows the Apollo 17 landing in 1972, the last crewed lunar mission.
NASA’s Artemis program aims to establish a sustainable lunar presence and economy.
India, China, Japan, and the ESA are also advancing lunar exploration programs.
The mission will test systems for future lunar landings and deep-space operations.

Executive Summary

The Artemis II mission, scheduled for April 1, 2026, marks the first crewed lunar voyage since 1972, with four astronauts—Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch, and Jeremy Hansen—embarking on a 10-day journey around the Moon aboard the Orion spacecraft. Unlike the Apollo missions, this flight will not include a lunar landing but will test systems for future missions, including potential surface returns. The mission features historic diversity, with the first woman, first person of color, and first non-American astronaut on a lunar voyage. Argentina contributes the ATENEA microsatellite, a CubeSat designed to measure radiation and test deep-space communication, highlighting Latin America’s role in the mission. The broader context reflects a shift from Cold War-era competition to a multi-national lunar exploration landscape, with agencies like China, India, and the ESA advancing their own programs. Artemis II aims to establish a sustainable lunar presence and economic framework, contrasting with the Apollo era’s political motivations.

Full Take

The Artemis II mission represents a pivotal moment in space exploration, blending technical ambition with symbolic progress. At its strongest, the narrative highlights a collaborative, inclusive vision for lunar exploration, contrasting with the Cold War’s zero-sum competition. The inclusion of diverse astronauts and international contributions, like Argentina’s ATENEA, underscores a shift toward global participation. However, the framing risks overemphasizing symbolic milestones (e.g., "firsts") while underplaying the mission’s technical and geopolitical complexities. The article avoids overt emotional manipulation but leans into a triumphalist tone, potentially obscuring the challenges of sustained lunar presence.
Root causes include the evolving paradigm of space exploration—from national prestige to economic and scientific collaboration. Unstated assumptions include the feasibility of a "lunar economy" and the stability of international cooperation amid rising geopolitical tensions. Historically, this echoes past cycles of space exploration, where initial enthusiasm often collides with budgetary and political realities.
Implications for human agency are profound: Artemis II could democratize space access or entrench new power dynamics. Who benefits? Primarily NASA and its partners, but also emerging spacefaring nations. Who bears costs? Taxpayers and potentially marginalized voices if lunar development prioritizes commercial over equitable outcomes. Second-order consequences may include accelerated space militarization or resource conflicts.
Bridge questions: How might the mission’s success or failure reshape global space governance? What safeguards exist to prevent lunar resource exploitation from replicating Earth’s inequities? Would a failure of Artemis II trigger a retreat from international collaboration or a doubling down on competition?
Counterstrike scan: A coordinated influence campaign might exaggerate the mission’s immediate impact (e.g., "new space race") or downplay risks to manufacture urgency. The article avoids this, focusing on verifiable facts and balanced context. No structural alignment with manipulation patterns detected.
Patterns detected: none