El festival Own Spirit se está celebrando con total impunidad en el entorno del embalse de Santa Ana, en Baldellou (La Llitera), con la oposición de sindicatos, entidades sociales y colectivos pro-Palestina. La comarca es la misma que ardió a inicios de verano: el incendio de Tamarite de Llitera y Alcampell arrasó más de 4.000 hectáreas. A los ayuntamientos afectados por este incendio, 27 organizaciones aragonesas les enviaron una instancia advirtiendo del riesgo antes de que empezara el festival. No hubo respuesta institucional.
Se sabía, con días de antelación, que este 5 de septiembre Aragón amanecería en alerta roja por incendios en prácticamente todo el territorio. Se sabía también que la zona lleva meses sin lluvia, una sequía que el cambio climático agrava año tras año. Con ese escenario sobre la mesa, la organización ha mantenido un evento que concentra cerca de 4.900 personas durante más de seis días en plena zona forestal: vehículos, generadores, cocinas, acampada masiva y actividad nocturna en un monte con el combustible muerto en disponibilidad “muy alta o total”.
Los y las bomberas forestales de Aragón, junto a los sindicatos con representación en Sarga —OSTA, CGT, CCOO y UGT—, lo han dicho sin rodeos: “Exigimos la cancelación del festival Own Spirit”. Recuerdan que la prevención no es solo apagar el fuego cuando aparece, sino identificar el riesgo y actuar antes de que sea tarde. A esa exigencia se suma ahora un escrito ante la Fiscalía de Medio Ambiente pidiendo que revise las autorizaciones y los planes de autoprotección del evento, y una campaña ciudadana que ha reunido más de 5.600 firmas en menos de una semana.
El alcalde de Baldellou, Jesús Lumbiarres, sostiene que no hay ningún problema con los permisos: “El Ayuntamiento de Baldellou ha recibido todos los permisos necesarios para la celebración del festival: INAGA, CHE, Comarca de la Llitera. Por tanto, poco más podemos decir”.
El problema es que esos permisos nadie los ha visto. No aparecen en el buscador de resoluciones públicas del INAGA, ni en su visor de expedientes con resolución pública, ni están publicados en el Boletín Oficial de Aragón o en la documentación oficial de la Confederación Hidrográfica del Ebro sobre el embalse de Santa Ana. En ninguna de las tres administraciones que cita el alcalde aparece expediente, resolución o informe alguno sobre el Own Spirit. Ni un solo documento. Si los permisos existen y están en regla, no hay ningún motivo para no hacerlos públicos.
La DGA regala recursos públicos a ‘mayor gloria’ del sionismo
Y cabe preguntarse qué clase de permiso aprueba mantener un festival de estas dimensiones en un monte que está en alerta roja. Porque mientras el Ayuntamiento repite que todo está en orden, el propio Gobierno de Aragón ha enviado una cuadrilla de bomberos forestales a “vigilar” la zona durante la celebración del evento. Si de verdad no hubiera riesgo, esa cuadrilla no haría falta. El hecho de tener que destinar medios de extinción a vigilar un festival, en pleno pico de la campaña de incendios y con todo el territorio en rojo, no es una garantía de seguridad: es la prueba de que la propia administración sabe que el peligro existe y ha optado por gestionarlo sobre la marcha en lugar de evitarlo.
A la lista de despropósitos se suma, según fuentes locales, lo ocurrido con un asistente que sufrió una intoxicación durante el festival y tuvo que ser trasladado al hospital de Lleida en la ambulancia de Benabarre, la que cubre la comarca. Según estas mismas fuentes, no se recurrió al servicio privado de ambulancia medicalizada del que dispone -obligatoriamente- el propio Own Spirit porque hacerlo habría obligado a paralizar el festival. Mientras la ambulancia de Benabarre hacía el trayecto hasta Lleida, toda la zona se quedó sin ese recurso.
Es un ejemplo de manual de a quién beneficia realmente este modelo de festival y a quién le toca pagar los costes. Las zonas rurales llevan años con recursos sanitarios insuficientes, una carencia que colectivos y organizaciones populares del territorio denuncian de forma reiterada. Y encima, cuando aparece la urgencia, el sistema público de la comarca es el que responde mientras el servicio privado del festival se guarda, por lo visto, para no interrumpir un evento que hace negocio con una ‘política comercial’ de ofertas para público sionista con el gancho de Djs israelís. Esto es lo que nos jugamos cuando dejamos que un evento que da cabida entre su público a soldados israelíes, se instale en nuestro territorio: el riesgo de que provoque un incendio y, de paso, colapse los ya de por sí escasos servicios sanitarios de los que dependemos quienes vivimos aquí todo el año.
Los altavoces del Own Spirit siguen sonando mientras el mapa de Aragón está en alerta roja
A pesar de la oposición de sindicatos, entidades sociales y colectivos pro-Palestina, de las alertas por riesgo extremo de incendios y de seguridad publica, a pesar de los avisos de… pic.twitter.com/tbdyFu4xy2
— AraInfo (@arainfonoticias) September 6, 2026
Paquetes promocionales para soldados de las FDI
El Own Spirit no es solo un problema de seguridad. Es también un festival señalado por su vínculo con la industria musical israelí. La edición de 2025 trajo a la zona a cerca de mil asistentes procedentes de Israel, muchos de ellos exsoldados de las FDI que viajan a este tipo de citas dentro de paquetes promocionales pensados para ellos.
En el cartel aparecen artistas vinculados a sellos como Iboga Records (sello danés que colabora intensamente con la estrategia sionista), gestionados junto a agencias israelíes como Stereo Society o Sonic Booking, que mueven las giras de DJs israelíes por medio mundo. Nombres como Sphera, Freedom Fighters, Perfect Stranger o Skizologic —este último con publicaciones que justifican la masacre en Gaza— tocan también en festivales israelíes que se declaran abiertamente “orgullosos de las FDI” y ofrecen descuentos a soldados en activo. Ninguno de ellos se ha posicionado en contra de su gobierno ni en contra del genocidio que este ejecuta contra Palestina.
El discurso de paz y amor que rodea al Own Spirit es una forma de lavarle la cara a un Estado genocida y a quienes tienen las manos manchadas de sangre. No es una relación casual ni nueva: la propia docuserie israelí “Free People”, dirigida por Roee Finzi, documenta cómo la escena del trance psicodélico se implantó en Israel a finales de los 80 de la mano de jóvenes que regresaban de viajar a Goa tras completar el servicio militar obligatorio, y cómo esa música electrónica ha funcionado desde entonces como una vía de descompresión emocional para exsoldados del ejército israelí, muchos de los cuales explican en el propio documental que la experiencia de la rave les servía para gestionar el trauma vivido durante su etapa militar.
Esa mezcla de “espiritualidad New Age”, trance y ejército no es un accidente cultural: es la misma maquinaria de “psywashing” que hoy exporta un puñado de DJs a festivales como el Own Spirit, con soldados de las IDF entre el público y una estética de “unidad” que sirve, una vez más, para lavar la cara del Estado que los envía a combatir.
Mientras Gaza es arrasada, unos cuantos empresarios con vínculos en sellos y discográficas israelíes sigue haciendo negocio con festivales que, además, ponen en riesgo nuestros montes.
Facts Only
* The festival Own Spirit is being held near the Santa Ana reservoir in Baldellou (La Llitera).
* The event faced opposition from unions, social entities, and pro-Palestinian collectives.
* The region was in a red alert for wildfires on September 5th due to fire risk.
* The area experienced a multi-year drought aggravated by climate change.
* The event involved approximately 4,900 people over more than six days in a forested zone with high fuel availability.
* 27 Aragonese organizations warned authorities about the risk prior to the festival, receiving no institutional response.
* Unions (OSTA, CGT, CCOO, UGT) and forest fire services demanded the cancellation of the festival.
* A complaint was submitted to the Fiscalía de Medio Ambiente requesting a review of authorizations and protection plans.
* The Mayor of Baldellou stated that all necessary permits were received from INAGA, CHE, and the Comarca de la Llitera.
* There was a reported incident where an attendee suffered intoxication and was transported by the Benabarre ambulance service.
* The festival involved attendees linked to Israeli music industry figures and promoters.
Executive Summary
Full Take
The narrative demonstrates a friction between administrative assurances of legality and the lived reality of systemic risk management. The conflict centers on the public disclosure of permits; if permissions are valid, their non-publication across official channels creates an accountability gap that undermines trust, regardless of procedural compliance. The mobilization by external groups against the event highlights how perceived safety is negotiated, rather than being a given, especially when state agencies appear to manage risk through visible presence (e.g., deploying forest crews) during an unfolding crisis. The subsequent focus on resource allocation—using public emergency services for an event while bypassing private alternatives—suggests a critical imbalance in the prioritization of communal well-being versus commercial interests. Furthermore, the analysis extends to the cultural and economic vectors underpinning the event; linking the festival to Israeli music industry and narratives regarding military experience suggests a structure where cultural consumption acts as a mechanism that simultaneously generates social cohesion among specific groups while externalizing environmental and public safety risks onto vulnerable local populations who bear the ultimate costs of inaction. The pattern suggests that concerns about environmental hazard, social equity, and geopolitical context are often subordinated to administrative procedures when institutional mechanisms for oversight are deliberately obscured.
BRIDGE QUESTIONS:
What mechanisms could ensure that regulatory compliance is proactively publicized across all relevant jurisdictions simultaneously? How can public safety protocols be independently audited when operational management appears prioritized over pre-emptive risk mitigation during extreme environmental events? What structural shifts are necessary to balance the prioritization of commercial event economies against the established public and ecological security responsibilities of regional governance?
Sentinel — Human
The text appears to be a human-written piece employing strong local reporting mixed with analytical critique, focusing on the intersection of environmental risk, institutional failure, and geopolitical context.
